Las mujeres no me suceden mucho. Desde hace muchos años, el número de mis seres amados se mantiene constante, siguen siendo los mismos. No hay ninguna mujer entre ellos que no comparta mi sangre. Las mujeres son sombras que se arrastran en mi vida y acontecen fugazmente y se van sin dejar rastro, devoradas por los perros del olvido; o me trazan hondos surcos de dolor antes de desvanecerse.
Tuve una hasta hace unos meses, meses que son sucesivamente muy largos o tremendamente cortos. Ella ha sido la única, puedo resumir mi historia a ella sin ser injusto con nadie. Mi mujer, la que era para mí, a veces lo creo, creo que nunca encontraré otra como ella y que mis futuros amores serán nada más que continuas derrotas. A veces no lo creo.
Hoy la busco. La busco para definirla, pero no la encuentro. La busco en mis únicas sábanas, pero ella ya no está ahí, su carne la he borrado con otras carnes y se me ha vuelto difusa. La busco en mi piel, en las marcas que me dejó, pero he mudado de piel ya y mi piel es lisa y no tiene una historia que contar. La trato de encontrar en el vacío de mis entrañas, intento estrangular su recuerdo, su recuerdo que me sorbe las fuerzas, que me clava y me crucifica en mi cama por las noches, pero no puedo. Busco la última reminiscencia física que quedó de ella, el pañuelo blanco con que cubría su cabello de olor pesado, hundo mi cara en él y la trato de aspirar, pero el pañuelo huele a guardado. Se quema lentamente mientras lo observo con fijeza estúpida. Leo lo que escribió en el único libro que me regaló, el libro del cual no creo poder deshacerme; leo lo que escribió y que firmó con su boca, en un beso que debería alcanzarme a través del tiempo, pero ese beso se ha desvanecido. El libro se quema lentamente mientras lo observo con fijeza estúpida.
Amamos a quien amamos no por el futuro que esperamos construir sino por el pasado que deseamos recobrar. Te amé no por el futuro que esperaba construir con vos sino por el pasado que deseaba recobrar. Me hubiera gustado recobrarlo para saber qué es lo que buscaba. ¿Qué era ese pasado? ¿Quién eras vos? ¿Quién soy? La frontera entre el mundo y yo mismo se me ha vuelto indistinguible, porque estoy hecho pedazos, pedazos que están esparcidos por doquier y que se extrañan porque no pueden reunirse. ¿Cuál era tu nombre? ¿Cuál es tu verdadero nombre en todas mis realidades, en el imperecedero registro del tiempo?
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