Hermano, entra. Sécate, toma esta ropa vieja pero seca. Ésa es mi cama, ahí dormirás. No digas nada. Es tarde, es la hora de que duermas. Llora hermano, si tienes que hacerlo, yo lloraré contigo y te limpiaré las heridas. Acuéstate. No temas, yo velaré tu fiebre y tu sueño, yo secaré tu frente. Toma esta sopa tibia, este jugo fresco. Duerme.
Esta noche tendrá un fin, puede que no parezca, pero la mañana vendrá. Yo me iré contigo, estaré a tu lado, te recogeré si tropiezas y compartiremos las trincheras y el duro pan. Detendremos esta locura, el hombre ya no crucificará al hombre, dejará de sembrar esterilidad y nos salvaremos a nosotros mismos. Si morimos, otros llegarán a donde marchamos. Venceremos, hermano, venceremos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario