5.1.06

Patética

Te caíste pero horrible. No se cómo llegaste aquí y no me interesa. Aquí no has sido mencionada más que de pasada y no creás que cuando hablo de ELLA, de Layla, estoy hablando de vos. Ella fue epifánica, cataclísmica, un tajo que parte mi vida en un antes y después. Vos fuiste un sacaganas, un error que por dicha remedié pronto; ahora no sos más que una naúsea que ataca cada vez que te ponés a fastidiarme.

No te pongás sobre el altar sangriento a clamar que te inmolen, yo lo que prometí lo cumplí porque no te prometí un futuro o te mentí diciéndote que te amaba: ni uno ni lo otro, te ofrecí un momento de abismo y te lo di, vos lo tomaste. No es mi culpa que vieras lo que nadie y yo menos que nadie, veía.

Luego te aprovechaste de mí y mi debilidad, usando un recurso tan triste como las llamadas mudas de madrugada te enteraste de cosas que no te conciernen ni tenés derecho a saber y no sabés cuánto te desprecio por eso. Pero te jugué, te jalé los hilos y te toqué como una música fácil y ya te cantaste, qué fácil fue.

No se cómo llegaste aquí y no me interesa. No sos bienvenida, no volvás. Tu presencia aquí es indeseable. Se terminó, echále tierra y olvido y podés andar publicando que soy un patán y un hijueputa. Es más, si querés podés decir que te pegué, que te robé, que te contagié la clamidia y me escupiste la cara, etc, etc, etc. Yo diré que es cierto. Pero haceme el favor de desaparecerte.

Lo único que me duele es verme obligado a ensuciar este espacio sacro. Pero al fin y al cabo, sigue siendo literatura.

2 comentarios:

LaMaga dijo...

Es que cuando uno se les cae del pedestal ya ni cómo volverse a subir... aunque te diré que a veces una no se cae, la tiran.

andro dijo...

¿Qué te diré? Pues todo el mundo en alguna ocasión ha estado de ambos lados del mostrador. Parece que estoy cobrando lo que ya pagué.