5.1.06

El peruanito que no era aseado (Disfruta la vida)

Había una vez un peruanito que no era ni aseado ni hacendoso. Resulta que era descendiente de la nobleza inca, o sea, descendiente de inútiles; no por incas sino por nobles. Realizar tareas como lavar el baño o mantener la cocina limpia eran impensables para él. Yo sí hago esas cosas y otras, porque desgraciadamente estoy acostumbrado a no vivir como un animal. Desafortunadamente, por azares del destino, vivíamos en la misma casa de cuartos de alquiler. Le pedí que ayudara, luego le reclamé que ayudara y él argumentó que eso era algo que había que dialogar y que lo iba discutir con el huevos tibios del casero. Me sorprendió que no tomara en cuenta todas las veces que yo lo había lavado, que eran la absoluta mayoría. Así que le di dos opciones: A, él lavaba el baño o B, yo lo hacía lavarlo. Le di un día de tiempo.

El peruanito no pareció comprender que yo le hablaba en serio. El día pasó y el baño seguía sucio. Tuve que pasar por la pena de arrastrarlo al baño, tirarle la parafernalia requerida y gritarle hasta que puso manos a la obra. Después llegó el casero y la policía, en fin, una escena bochornosa. Al día siguiente me fui de la casa, todo se realizó de acuerdo a mi plan: mi partida estaba decidida desde hacía rato y toda la cuestión del baño fue una de dos lecciones que le di al peruanito. Tiempo después tuve el placer de encontrármelo en la calle y aunque corrió, le di alcance y le di la segunda lección.

Estoy seguro que ahora el peruanito realmente disfruta el estar vivo.

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