20.1.06

Manifiesto al ritmo de la carne quemada

Ésta es nuestra oscuridad. Las cosas no están bien pero se podrían poner mucho peor. Es esa tentación de empezar a quemarlo todo, hablar a gritos, soltar el Cancerbero de nuestra cólera, nuestra ira y nuestra rabia; arreglar tantos asuntos inconclusos, inconclusos de nuestra venganza.

Forcemos nuestras vidas a pedazos y tirémoslos a un estercolero, recitando versos de Frost en voz alta; hagamos una pira y roguemos por el fuego, llevemos las cabezas cortadas
, eso sí. Nos darán la chispa adecuada y agradeceremos las flamas que se levantarán en un remolino como de tristeza, furia y desesperanza, pegajoso y necio. No sabremos su origen, pero demos gracias que no lo podemos señalar con el dedo y aplastarlo con el pie: juguemos, juguemos con el fuego y quemémonos, ardamos hasta la ubicuidad.

¿Sos vos, águila hermosa, tus garras clavadas en mi aorta?

¿Sos vos, madre, y todos nuestros asuntos sin concluir?

¿Serán todas las luces rojas en la calle, que nos apuntan con veredictos y nosotros con oídos majaderos que se empeñan en prestar atención?

¿Será nuestro descomunal defecto, esa voluntad lánguida, esa pereza que nos pasa la factura?

Siempre hemos luchado con nosotros mismos. ¿Adivinen quiénes ganarán? No importa quienes: igual ganaremos y saldremos perdiendo.

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