17.12.05

Hay días en que camino entre estatuas de sal y el mundo es seco y sucio. Intento un roce y las estatuas se derrumban en un salado rumor, en partículas que vuelan en el débil viento. La sequía me traspasa; un toque, una caricia, una mano enredada en mi pelo, daría lo que hubiera que dar. Veo a la gente y la gente se toca y yo estoy a un millón de años luz aunque esté a la par. Un dedo deslizado por mi brazo, es todo, no pido las uñas suavemente en mi espalda. Esta distancia tan segura y tan larga, este otro tiempo que se niega a transcurrir, a emigrar al pasado; este muro gastado por armarse y derrumbarse tantas veces.

Es dar a un salto al vacío, sujetado por tantas hebras, una distancia tan larga, estirándose como lanzando un golpe, tratando de llegar, casi, casi.

Casi.

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