lentamente
con trozos de papel
me cubro el rostro
los despego
mezclo agua y almidón
mojo trozos de papel
los pego sobre el molde
se seca durante la noche
al otro día
lo raspo un poco
para que no maltrate mi piel
sobre la boca
una reja de metal
derrito cera
le pego cabello
y otras cosas
algo de color también
usaré esta máscara un tiempo
porque puedo estar de duelo
por mis sueños perdidos
robo a Ito Shinsui (1898-1972)
el pobre
con trozos de papel
me cubro el rostro
los despego
mezclo agua y almidón
mojo trozos de papel
los pego sobre el molde
se seca durante la noche
al otro día
lo raspo un poco
para que no maltrate mi piel
sobre la boca
una reja de metal
derrito cera
le pego cabello
y otras cosas
algo de color también
usaré esta máscara un tiempo
porque puedo estar de duelo
por mis sueños perdidos
robo a Ito Shinsui (1898-1972)

6 comentarios:
Un buen recuerdo de una noche de construccion, peliculas de kung fu y si, algo de G tambien...
Sebas Z.
Préstame tu máscara, la mía ya no me sirve, ni me es efectiva.
Préstame tu máscara, la mía ya no me sirve, ni me es efectiva.
Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó: "¡Miren! ¡Es un loco!". Alcé la cabeza para mirarlo y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro y mi alma se encendió de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y, como si fuera presa de un trance, grité: "¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!"
Arribé en ésta cala atraída por las voces, parecía un grupo de humanos peculiares, hablaban de temas poco rutinarios. Pero posiblemente ellos tampoco crean en la existencia de seres como yo.
Emergí en la noche de la Luna Kan. Hice mis oraciones en agradecimiento a que es en estas noches cuando su luz atraviesa hasta el fondo las aguas.
En esas noches de luz ato mi melena con tallo de zostera y aunque ya soy muy, muy vieja mis brazos aún tienen fuerza para impulsarme entre las rocas más profundas.
Entonces se pueden ver los cangrejos comiendo el musgo fosforescente y grupos de calamares acercándose a las costas, sicodelia en sus pieles.
Los peces grandes, sopesando si soy de comer o si seré quien se los coma a ellos….
Después salgo a recoger algunas golosinas; lapas pequeñas, bígaros. En esa noche el veneno de la púrpura se vuelve rojo con la luz, y yo los recolecto para dar color a mi melena. Quisquillas en las charcas. Y donde baten las olas, entre la arena, coquinas.
Descansar en mi gruta y cantar.
Cuando era jovencita, una noche, incipiente la primavera, vi adentrarse en las aguas a dos bípedos, una pareja de humanos.
Me acerqué para jugar con ellos sin que me vieran, como solía. Deslizarme en círculos alrededor de ellos agitando el agua.
Y espantar algún bando de peces, para que al pasar les rozaran las pantorrillas y salieran de mi mar asustados. Esas eran mis diversiones.
Pero esa noche ellos hicieron algo que yo no había presenciado nunca. Sus bocas empezaron a pegarse, sus cuerpos un baile sincrónico, y yo, preguntándome qué era ésa entrega más allá de los cuerpos…. Me zambullí para ver bien lo que ocurría con sus vientres y me maravillé del perfecto acoplamiento, ¡¡¡sus cuerpos encajaban transformándose en uno solo¡¡¡¡ La química de sus bocas, de sus fluidos me fue llegando a través del agua, excitó todo mi cuerpo, y yo misma quedé entregada al vaivén de las olas.
Cuando se marcharon me quedé más sola que nunca, sentí una desazón, un vacío irreparable que me llagó el vientre. Lloré sobre las rocas y se me abrasaron los ojos. Me había sido revelada una experiencia para la que yo estaría vedada, excluida de por vida.
Quedé tan aturdida que los primeros tiempos me dejé a la deriva de las corrientes. Conocí costas y arenales, puertos y deltas de todo el mundo.
Pero con el tiempo descubrí algo que me fue curando. Comprobé que la observación de los humanos y el intento de comprenderlos iba trayendo la serenidad a aquel sorpresivo y ya ahora casi olvidado anhelo. Descubrí que los humanos solo están plenamente vivos en la relación con otro.
Escuché que los hombres vienen de Marte y las mujeres de Venus, pero yo he llegado a la conclusión de que los hombres poblaron siempre la tierra y que antes todas las mujeres fueron sirenas.
Pero poco a poco ellas debieron descubrir el sortilegio que las convirtiera en mujeres, quizá usando la valva de las almejas. Y así se fueron yendo todas.
Yo debí quedar como testimonio. No tengo hermanas ni puedo procrear porque soy una criatura de la naturaleza.
Es muy característico de los humanos juzgar por las apariencias.
Yo soy libre, no tengo conciencia. Tampoco genitales.
Cuando oigo a los humanos quejarse del peso de las necesidades de sus cuerpos, y de las responsabilidades que esas conllevan, entonces……
Entonces yo canto: Tengo un corazón mutilado de esperanza y de razón...
¿y todos usamos máscaras?....si eso creo.
Amigo me gusta igual que esta nueva cara del blog....
saludos!!
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