Pudo suceder así: Llegué por casualidad y sin tanta casualidad, más bien, deliberadamente. Entré en el auditorio, esperando que se repitiera lo de la vez pasada con Vargas Llosa. Me encaminé hacia las primeras filas, me senté, lo vi a usted a un lado del escenario. Sentí el impulso de ir y hablarle, me puse ansioso. Dudé por unos minutos, pero me decidí; me levanté, fui y le estreché la mano:
—Disculpe, don Sergio. Nada más quería saludarlo. Uno de los primeros cuentos que leí fue "Charles Atlas también muere." Respeto mucho su pluma y su pensamiento. Nada más quería saludarlo.—
Usted me respondió con amables pero distantes palabras que no logro definir. Quién sabe cuántos años de halagos y agradecimientos habrá tenido que sobrellevar. Miró a los lejos, me sorprendieron sus bifocales. Le estreché la mano de nuevo y fui a sentarme, a escucharlo hablar.
Pero no fue así. Fui a buscarlo a ese auditorio, con toda intención. Apenas lo vi, fui hacia donde usted y le di la mano. Y sólo le dije:
—Dentro de poco, oirá hablar de mí.—
Su rostro se expandió en una sonrisa, y me respondió:
—Estaré esperando.—
Así pasó, así lo contaré. Ya lo recordará.
—Disculpe, don Sergio. Nada más quería saludarlo. Uno de los primeros cuentos que leí fue "Charles Atlas también muere." Respeto mucho su pluma y su pensamiento. Nada más quería saludarlo.—
Usted me respondió con amables pero distantes palabras que no logro definir. Quién sabe cuántos años de halagos y agradecimientos habrá tenido que sobrellevar. Miró a los lejos, me sorprendieron sus bifocales. Le estreché la mano de nuevo y fui a sentarme, a escucharlo hablar.
Pero no fue así. Fui a buscarlo a ese auditorio, con toda intención. Apenas lo vi, fui hacia donde usted y le di la mano. Y sólo le dije:
—Dentro de poco, oirá hablar de mí.—
Su rostro se expandió en una sonrisa, y me respondió:
—Estaré esperando.—
Así pasó, así lo contaré. Ya lo recordará.
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