En una oración: no hay una opción que represente mis intereses. Mi interés como ciudadano no es extraño: demando un gobierno eficiente. Quiero mejoras en la infraestructura que beneficien a todos los ticos, cuyo mejor ejemplo sería el arreglo de las calles. Quiero una optimización de los servicios de salud, con una atención pronta y de calidad. Quiero una reforma radical en el sistema educativo, para que deje de ser ese monstruo homogenizador de métodos coercitivos, que promueva las aptitudes y las habilidades individuales, que enseñe a aprender y que este aprendizaje sea algo ameno. Esto para mencionar apenas tres áreas en las que el estado costarricense con sus gobiernos sucesivos del partido orgánico de Costa Rica (PUSC-PLN) ha quedado en deuda.
Pero ninguno de los candidatos ofrece esto. Sus promesas de campaña, su supuesto plan de gobierno no es otra cosa que una estrategia más, una más de sus trampas atrapamoscas. Una regla de oro de la política indica que uno siempre puede desdecirse de sus compromisos anteriormente asumidos con los electores con la fácil razón de un cambio de opinión o aduciendo un error que puede cometer como ser humano que es. Todos los candidatos han servido en la administración pública y no han promovido un cambio o diferenciado de los demás políticos, quienes en el mejor de los casos simulan trabajar por el bienestar de quienes los eligieron pero nada más se muestran eficientes en llenarse los bolsillos y mostrarse petulantes por su pretendida superioridad ante el “populacho.”
Ninguno de los candidatos tiene la autoridad ética para gobernarnos y todos buscan el poder por sí mismo y para satisfacer sus ambiciones y las de los grupos que representan, que obviamente no son la mayoría. Óscar Arias ha orquestado su presidencia de una manera maquiavélica, con disimulados (y no tan disimulados) movimientos bajo la mesa y sin importar los medios, para conseguir los fines en su agenda oculta y la de aquellos que tiran de sus hilos. Desde hace años el terreno ha sido abonado, debilitando instituciones como el ICE y la CCSS para poder promover su venta o privatización aduciendo su ineficiencia, provocada con ese mismo fin. Cuando alguien quiere algo con tanta saña y se guía con la máxima de que cualquier recurso es justificable, nunca es algo bueno. Ottón Solís no es diferente de aquellos a quienes señala con el dedo llamándolos corruptos y su posición es de una hipocresía descarada, como lo sabe bien el pueblo de Pérez Zeledón. Otto Guevara es un inmoral por su propia definición, que dio hace algunos años respecto de la contribución estatal a los partidos políticos; al Movimiento Libertario no le parece incomodar el arrojar a la basura sus principios para lograr una mayor cuota de poder. Antonio Álvarez cree que cambiarse de partido es borrar con su pasado de militante en el PLN y con su responsabilidad sobre las irregularidades del mismo. Ricardo Toledo es digno de mención sólo porque ha sido un funcionario público que se ha mostrado sucesivamente inepto y a quienes los corruptos dueños del PUSC, Rafael Calderón y su escudero Miguel Rodríguez, le han permitido que sea candidato porque bien saben que la derrota de su partido es inevitable. El resto de candidatos es una camarilla de politiquillos con aspiraciones frustradas de ser peces gordos y a quienes no les queda otro remedio que escamotear las sobras que caen de la mesa de aquellos.
Me llama poderosamente la atención la presión que se ha ejercido hacia los abstencionistas para que acudan a la urnas, en todos los medios de comunicación, de manera solapada y también directa. Es una coacción descarada de la élite en el poder (que no es la que está en el gobierno, ocupado por sus testaferros) para que legalmente se les dé carta blanca para sus correrías. El mejor ejemplo es la campaña publicitaria del Tribunal Supremo de Elecciones, máximo títere para esto menesteres: “Si permite que otros elijan por usted, después no se queje.” O sea: Si el gobierno actúa de una manera reprochable, no tiene derecho a quejarse porque usted votó por ellos y si votó por otro partido, pues tuvo la oportunidad de elegir pero debe acatar la voluntad de la mayoría, así que tampoco se queje. Si no votó, pues usted no tiene vela en el entierro, mal ciudadano. Yo no votaré y he de quejarme cuando lo tenga que hacer. El abstencionismo es la vergüenza de los profesionales de la política, su terror y su peor enemigo porque es la pared que se alza entre ellos y el poder, si nadie los elige. ¡Cómo va a ser posible que no logren engatusar a este hato de tontos que somos los electores!
La democracia es una farsa, aquí y en todo el mundo. Es nada más una cortina de humo que utiliza la élite que gobierna para legitimar su dominio bajo el pretexto de que fueron elegidos y ejecutan la voluntad de la mayoría. Se supone que la democracia es el gobierno de esa mayoría, pero tal cosa no es así. ¿Acaso los políticos elegidos “democráticamente” velan por los intereses de la gente? Aquí vamos a las urnas cada cuatro años supuestamente a escoger a nuestros gobernantes y es todo lo que podemos elegir, ésa es toda la manifestación de la voluntad de la mayoría. Pero gobiernan unos y luego sus contrarios y las cosas siguen igual: yo aseguro que si los puestos públicos fueran heredados y/o repartidos a dedo (¿no es así, acaso?) nos gobernarían los mismos tipos que lo hacen ahora. La democracia suena muy hermosa en teoría, al igual que el comunismo, pero no es más que un instrumento que está estructurado para ser accesible para quienes ya poseen el poder económico para utilizarlo y es usado para perpetuar este statuo quo en el que la distribución de la riqueza es cada vez menos equitativa y los que están arriba se sostienen sobre las espaldas de aquellos que los honraron inmerecidamente con su voto.
Votar es legitimar un sistema que está corrompido. Lamentablemente no tengo una alternativa que sugerir, pero sé bien que el sistema que tenemos no funciona y requerimos de un cambio sumamente radical para lograr desarrollar una forma de gobierno que realmente funcione para todos de una manera justa, amigable con el medio ambiente; que realmente logre erradicar la miseria nuestra de todos los días, distribuyendo de una manera justa la inmensa riqueza que produce la humanidad y que alcanzaría de manera sobrada para asegurar un nivel de vida óptimo para todos los seres humanos.
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