3.1.06

Una vez más, catarsis

Debí haberte matado, maldita perra, no puedo evitar sentirlo. Fuiste minuciosamente cruel e impía: me robaste, me vejaste, me humillaste, me difamaste, me usaste. Yo era tu juguete preferido por épocas y nunca te mediste para la patada o el gargajo en la cara, ¿cuántas veces no me escupiste, me gritaste, me amenazaste, me dedicaste los más espurios insultos? ¿Cuántas no te me fuiste encima dispuesta a cortarme? Me arrepiento de no haberte soltado un manazo para que te quedaras quieta, para que entendieras que a mí no te me podías poner en mierdas así. No lo hice y me pasé de decente con vos, te jugué demasiado limpio. Vos siempre descarada: cuando te convenía porque estabas sin plata, así sí yo era tu "pareja," mientras me pudieras ordeñar e impartir órdenes y por supuesto tenerte bien culeada, de eso no te podés quejar, desgraciada; bien servida te tuve, cogiendo hasta que te cansabas y ya no más.

Hubiera sido ingrato con vos y no hubiera podido sacárteme de encima; hubiera sido cruel y te hubiera tenido comiendo de mi mano. Debí gritarte más y sin justificación, llamarte por los peores nombres: zorra, puta maldita, loca de mierda, imbécil, princesita inútil, basura junkie, buena para nada, idiota, patas sucias, estúpida, hedionda, comemierda, cara de verga, pedazo de porquería humana inestable, etc. Debí haberte demostrado en la práctica ese propósito mío de que a mí nadie me pone la mano encima y devolverte los zapatazos, a ver si hubieras salido tan ufana. No sabés cuánto escupo el día en que naciste y tu nombre y como pienso en vos cuando cago.

Debí haberte matado y pegarme un tiro y que nuestra historia desastrosa llegara a donde pertenecía, en la portada de La Extra.

No hay comentarios.: