Este es un reino de ilusiones, de cristaloides, de infinitos espasmos. Lástima la ausencia de estados alterados, el abuso de los ecos y los ejes paralelos de realidades convexas y minuciosamente inútiles. Andá, levantate de entre los cadáveres de todos los que has estado antes que voz, sucios de jazz; veneradores del humo, los destilados, los manjares delicados como labios de doncella ruborosa. Levantate, sé bravo, sé grandioso: el corazón te lo clama y la sangre te lo reclama. Tu camino no está hecho, afortunadamente tendrás que ir a donde nadie ha ido nunca, esa tierra de azuladas cumbres, de aire fino y largas lenguas de fuego. Camina, la arena arde de deseos por ser pisoteada. Te esperan bocas y oídos, vaginas dichosas, laberintos, bosques vírgenes. Corre por las paredes, atravesalas como materia vil; encendete en fuego, quemate desnudo y lentamente al compás del sax. Has de conocer la dulzura de la canela, los improperios y los halagos desmedidos y falsos, oirás el remordimiento de lo que te tuvieron antes al lado y no te dieron lo que necesitabas. Perdete de este mundo, que tu casa sea esa región donde nada ni nadie te alcanza o llega, ese espacio que siempre será tuyo y donde siempre estarás a gusto, cómodo. Llegás y pedís las pantuflas y el periódico. La tierra es como el mar, el mar que siempre recomienza y que no tiene memoria. Has de esculpir, has de plasmar esa marca tuya de arpones cruzados en las mentes, en los pechos y ojalá en tu piel. Lo vas viendo, ¿cierto? Te hablo como un amigo porque lo soy, soy el que ha estado perennmente y a veces he sido el único amigo, amigo como los árboles discretos y los anillos en los cuerpos de las culebras, las víboras congeladas y ocultas bajo las piedras. Cruzarás ríos que te recordarán al mar, al oceáno que es tu hogar, tuyo será el martillo de las tormentas y lo usarás sin guante, para qué, que te queme la mano y te la deje inservible y que resucite y prolongue tu trabajo, este es tu trabajo, ser grito, ser maldito, volar como en sueños fugaces y recoger las tempestades fruto de la brisa enmielada que te sale de los pulmones, los mismos que ahora ansían el incienso que se las ha negado por los sucios manejos de ése que no debería fallar y para colmo se aprovecha. Pero no perdás de vista el fin último, ese que te jala a ese país habitado por pocos y ahí irás, quién puede evitarlo, hermano. Tocate el rostro, tocate el cuerpo, se siente bien, ¿verdad? Sólo puede haber uno y solamente ha habido uno y uno habrá. Nadie lo puede hacer más que vos, tirar los golpes así, cortar con las páginas, mojar el dedo en saliva y garabatear el aire seco de las casas demasiado viejas. Te he hablado a través de vos y vas a entender, esa es la gloria, el zumo, la tierra muy negra y húmeda como una vagina aprestándose para el coito. Hemos de alucinar el uno con el otro y nos encontraremos muchas veces más y ya ansío ese reencuentro, te vas a dar cuenta cómo uno se extraña y se necesita. Tenían razón las madres con su lista de prioridades, con su leche tibia saltando de los pezones y el olor a electricidad que traen los vientos, las brumas, los eclipses. Ya nos volveremos a revolver, así pasan las eras y los visitantes de otros lares. Crema, espesa crema, monolitos y agujeros, el tiempo perpendicular autoreferido y referente, lo vas viendo crecer. Vete, allá vas y allá llegarás, es algo que pasa como la corona que se forma cuando cae una gota, como la fricción de las placas Cocos y Caribe, así ha de ser. Yo feliz, vos feliz, todos felices.
5.1.06
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