Ya pasó.
Mi cubil debe de apestar a mí. Todo yo estoy untado en él, garabateado en las paredes, todas las partículas de materia en este lugar están imbuidas con mi esencia, mis sucesos grabados en el sutil éter de esta atmósfera. Sentado en mi silla destaratalada por el uso y abuso de posiciones corporales no acostumbradas para las sillas, he enfrentado el pequeño rectángulo blanco y vacío donde escribo las entradas de este blog con algo de angustia, por un momento me sentí afectado por ese pájaro fabuloso que es el bloqueo de los escritores, su sombra funesta sobre mí y yo, ay, sin ninguna Leonor para solucionarlo. Nevermore.
Pero las palabras han fluido y Leni vendrá en mi rescate pronto. El mes recientemente enterrado será recordado como el mes en que más he bebido, un mes de encuentros y desencuentros tan propios de mí. Sigo en la eterna búsqueda de respuestas, de lucha contra ese otro yo y su ejército de diablos y continúo teniendo la duda de cómo terminará todo. Sin hierba y sin mujer, qué mala combinación (excelente la contraria,) aburrido de masturbarme por necesidad fisiológica, ansioso de nuevas aventuras. Cada vez crece más la certudumbre de que tengo que ir a ver nuevos lugares y la duda de cómo putas lo voy a lograr siendo un honesto chonete. Quebrado como siempre, con planes a los que le haré la fuerza y ciertas tareas pendientes. Camino con el corazón deshecho debajo del brazo, sobreviví un cataclismo emocional y luego puedo presumir de haber sido vil. Los barcos del retorno son ceniza y mi noche triste está acabando, parece; ya vendrá el tiempo en que he de pastar en otras llanuras. En este momento no tengo ninguna particular atracción y no creo necesitarla, buen sexo sí. Lastimosamente, uno no puede tenerlo todo en la vida. Extraño la buena hierba y conseguirla ha sido toda una serie infructuosa de maniobras orquestales en la oscuridad, anhelo un dealer que se respete y me mantenga provisto. La realidad se encauza y pronto estaré corriendo de nuevo a mi lado para anticiparme, hay mucho qué hacer y creo que este año terminará mejor que el anterior, que con todo, no fue malo, arduo sí; será un hecho que terminaré más fuerte. Me apresto a un mes de vegetarianismo, una semana de verduras y frutas crudas y tres días de ayuno para limpiarme, sobre todo de diciembre y ojalá de ella. He juntado mis pedazos y me he armado, es extraño estar todo junto de nuevo y he de reaundar la marcha que se terminará el día que mi cadáver se hunda en el oceáno, donde prometí dormir mi último sueño. Estoy aburrido, algo hastiado y expectante, presto a la lucha y Dostoievski me espera y a él voy.
Mi cubil debe de apestar a mí. Todo yo estoy untado en él, garabateado en las paredes, todas las partículas de materia en este lugar están imbuidas con mi esencia, mis sucesos grabados en el sutil éter de esta atmósfera. Sentado en mi silla destaratalada por el uso y abuso de posiciones corporales no acostumbradas para las sillas, he enfrentado el pequeño rectángulo blanco y vacío donde escribo las entradas de este blog con algo de angustia, por un momento me sentí afectado por ese pájaro fabuloso que es el bloqueo de los escritores, su sombra funesta sobre mí y yo, ay, sin ninguna Leonor para solucionarlo. Nevermore.
Pero las palabras han fluido y Leni vendrá en mi rescate pronto. El mes recientemente enterrado será recordado como el mes en que más he bebido, un mes de encuentros y desencuentros tan propios de mí. Sigo en la eterna búsqueda de respuestas, de lucha contra ese otro yo y su ejército de diablos y continúo teniendo la duda de cómo terminará todo. Sin hierba y sin mujer, qué mala combinación (excelente la contraria,) aburrido de masturbarme por necesidad fisiológica, ansioso de nuevas aventuras. Cada vez crece más la certudumbre de que tengo que ir a ver nuevos lugares y la duda de cómo putas lo voy a lograr siendo un honesto chonete. Quebrado como siempre, con planes a los que le haré la fuerza y ciertas tareas pendientes. Camino con el corazón deshecho debajo del brazo, sobreviví un cataclismo emocional y luego puedo presumir de haber sido vil. Los barcos del retorno son ceniza y mi noche triste está acabando, parece; ya vendrá el tiempo en que he de pastar en otras llanuras. En este momento no tengo ninguna particular atracción y no creo necesitarla, buen sexo sí. Lastimosamente, uno no puede tenerlo todo en la vida. Extraño la buena hierba y conseguirla ha sido toda una serie infructuosa de maniobras orquestales en la oscuridad, anhelo un dealer que se respete y me mantenga provisto. La realidad se encauza y pronto estaré corriendo de nuevo a mi lado para anticiparme, hay mucho qué hacer y creo que este año terminará mejor que el anterior, que con todo, no fue malo, arduo sí; será un hecho que terminaré más fuerte. Me apresto a un mes de vegetarianismo, una semana de verduras y frutas crudas y tres días de ayuno para limpiarme, sobre todo de diciembre y ojalá de ella. He juntado mis pedazos y me he armado, es extraño estar todo junto de nuevo y he de reaundar la marcha que se terminará el día que mi cadáver se hunda en el oceáno, donde prometí dormir mi último sueño. Estoy aburrido, algo hastiado y expectante, presto a la lucha y Dostoievski me espera y a él voy.
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