Aquí estoy. Sigo siendo lo que sea que soy. Soy feliz, estoy triste y furioso; todo a la vez y he empezado a creer que no existen tales estados por separado sino todos a la vez. El horizonte sigue nebuloso y camino un camino que saco de la nada y que no indica un destino, una línea de llegada. Vuelvo la cara buscando respuestas y sólo veo estelas en el mar. Toda la vida me he batido con mis oscuridades, con mi corazón que es tan débil y tan duro y apenas ahora logro pararme y lanzar golpes que por fin son amenazantes. He de pelear siempre y nunca he de encajar, tales son mis nuevos postulados. Mi historia seguirá siendo la del errante, el peregrino que nunca llega a su hogar. Pero puedo gritar, puedo hilvanar páginas infames; he ido desechando las viejas máscaras y el sol inmundo, de ahora en adelante, sólo verá mi verdadero rostro, aunque sea el de un monstruo. Sigo rastreando mis cóleras y mis lágrimas, sigo jalando lastres, esperando liberarme de éstos y encontrar los orígenes de aquéllas. Continúo con ausencias y carencias, continuaré siendo solitario sin estar solo, teniendo eternamente ese lado en el que nadie puede alcanzarme. Hablo y escupo, recuento mis actos: realmente no he sido tan bueno, ni tan listo, ni tan valeroso. Trato de definir mis fallos, empiezo a creer que siguen siendo los mismos y lo seguirán siendo. ¿Cómo arrojar una carga que estaba destinada, por nuestro pasado incontrolable y nuestros actos, a ser perpetuamente llevada? Todo esto es mentira, todo esto es la verdad, yo nunca miento pero hay cosas que nunca diré; soy complicado y simple. Pude ser mucho peor y aún lo puedo ser, lo que queda es pelear, pelear hasta el triste fin, porque lamento desilusionar con esto, pero no hay finales felices. Tal cosa es en sí una contradicción.
3.1.06
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