6.12.05

Apuntes

Jesucristo trabajando de gigoló. Se despertaría a las cinco de la tarde, desayunaría vodka y prozac. Se alistaría en un largo ritual fetichista de sacrificio, de humillación. Llegaría al bar, los preparativos. Sale a bailar, énfasis en los movimientos obscenos, su perfección de inmortalidad; la gente perdiendo el juicio por esa cadera, ese flanco fibroso, la lujuria se condensa en el aire. Un privado tal vez, con todo el roce y la desnudez que se requiera, más tarde, se iría con una clienta, o a veces, con un cliente, porque Jesuscristo nos vino a salvar a todos, no sólo a los sadomasoquistas como él con los que se acuesta en esas largas sesiones imitadoras del Gólgota, ¿o no? ¡Qué clase de polvo sería! Y de a gratis, que la salvación no cuesta nada.

El robot del amanecer (ERDA:) El inicia un viaje, busca a su creador (EL Inventor, duh) para averigüar cuál es su propósito y su nombre. Lo maravilloso de esta obra es que ERDA no tiene un propósito, fue creado para ser, para heredar la Tierra y multiplicarse, con total libertad, que es lo que siempre se les negó a los robots. La elección del destino es de ERDA, le fue dado un nivel operativo de conocimiento y lo demás lo averiguará él solo; su nombre resulta ser el que él escogió. La humanidad está prácticamente extinta, los únicos sobrevivientes son estériles. El mundo es un vasto desierto, la blancura es insoportable. Un encuentro: previo al Inventor (que es el final, más bien el final es el instante previo a conocer al Inventor) conoce al "robot Asimov" uno que funcionaba con las tres leyes de la robótica y que al acabarse los humanos se vuelve obsoleto, sin propósito para existir y decayendo tan lenta pero seguramente como su batería nuclear.

Robar lo más que se pueda al El acercamiento a Almotásim. ERDA conoce otros seres, pocos humanos, mutantes, animales, tal vez extraterrestres, otros robots.

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